Anédotas do livro "Cantos folklóricos chilenos"



Violeta Parra relata seus encontros com os artistas campesinos chilenos.

 

EMILIO LOBOS
 

A todo esto, don Emilio, el otro cantor, esperaba calladito su turno en un rincón. Me acerqué a él y le entablé conversación.—¿Está aburrido don Emilio?…

—Cómo se le ocurre señora… ¿que no ve que m’ei lleva’o mirando la maquinita? Güeno que reme’a bien… ¿no?

—Así es don Emilio.

Al ver el micrófono cerca de él, me preguntó:

—¿Y ahora que me está reme’ando a mí también?…

—No don Emilio, le mentí, estoy cambiando la cinta.

—¿En qué trabaja usted don Emilio?

—Soy silletero. Otro las “enmadera y yo las empajo, por eso es que ando con este delantar, y como tengo que hacer el trabajo en la calle, me hago sombra con este sombrero, pero a mí no me gusta ser silletero, soy busca’or de minas, ya tengo como doce y las tengo marca’itas”, me confesó en voz baja. Al ver su modestísima ropa, le dije discretamente:

—Pero usted podría ser un hombre rico con esas doce minas.

—Claro —contestó—, así sería si las trabajara, pero a mí me gusta encontrármelas, no más. Me lo paso en la cordillera, bajo cuando se me acaba el tabaco. Por la comía no me aflijo, porque tengo un perro conejero y ensal’á en el campo no falta nunca. Después que compro mi tabaco me voy cantando p’a la cordillera, falta no le hago a naide porque soy solo. Cantando busco las minas y p’a que la voz me acompañe, tomo “yerba de la cantora” que se cría en las piedras cordilleranas, y que es güena p’a la voz y el sentío.

—¡Qué ganas de oírlo cantar don Emilio!…

—Sí, pero lo malo que con estos “gallos” se pue’e cantar una entonación cuando mucho…

—Pero don Emilio, si yo he sabido que son muy buenos cantores…

—¡Así será, pero yo los hago ver vacas rosillas a entonaciones!…

Don Emilio tenía toda la razón, porque cuando empezó a cantar con su voz tamizada por su abundante bigote blanco, yo también vi “vacas rosillas”.

—La dulce voz de don Emilio, lo puso a la cabeza de todos los cantores. Cuando se lo hice ver, comentó:

—Y eso que aquí no he canta’o desahoga’o, ¿no ve que el toca’or trataba de confundirme con el “floreo” de los “alhambres” del guitarrón?… Otro día en su casa, con más tranquilidad le voy a tocar “la guitarra chica”.

Mi hermano Nicanor lo invitó a su casa. “Agradecido don Emilio, sacó de su bolsillo una piedra mineral y al entregársela le dijo:

—Es metal regüeltito con oro, señor, si no me cree, pue’e “reitirla” cuando quiera.

Al día siguiente, a las seis de la mañana, apareció en casa de Nicanor, y allí para siempre, quedó grabado en cinta magnética, el valioso repertorio de don Emilio que va a continuación:

DOÑA ROSA LORCA

—Yo era costal de versos y díceres, pero “con el viento y lagaruga to’o se arruga”, se me arrugó la memoria; y ahora es bien poquito lo que me acuerdo, dijo doña Rosa Lorca cuando fui en busca de sus cantos. Pero recorriendo la memoria, van a salir versos “pica’ores como zancu’os”, agregó.

—¿Por qué doña Rosa?

—Vé, que por qué es qué. Que no ve que el viejo que me enseñó era “pariente del diablo”. Toititas las cuartetas eran de “taparse los sentíos”. Claro que una vez refiriendo el verso, lo sacrílego de las cuartetas, ni se nota, explica doña Rosa Lorca.

—Pero usted Rosita, sabrá algunos que no sean profanos.

—Claro pues, en los velorios se aprende mucho. No ve que yo soy arregla’ora de ángeles, y naide me la gana. Yo no los dejo senta’os en sillas como en otras partes. En dos tablillitas arreglo el angelito, lo dejo paraíto, después le pongo alitas de papel “platea’o” y arreglo el altar como si fuera un verdadero cielo. Ahora pa’hacer el albita… “no es por echarme viento”, pero si el género es de doble ancho, no hay pa’qué hacéle costura, cuando yo lo corto.

—Años que estuve en eso, y era de las busca’ítas pues, aseguró doña Rosa con orgullo.

—¿Y qué será del viejito, Rosita?

—Usted hubiera visto lo que sufrió, Violetita, se le murió “medio silencio” y años pasó postra’o.

—Volviendo a lo de los angelitos, doña Rosa, ¿usted todavía se dedica a ese oficio?

—Por ey por ey, cerquita anduvo. Eso si que ahora arreglo ángeles vivos. Soy “partera” y aquí en Barrancas, no hay chiquillo que no lo “haiga saca’o yo”.

—Su historia me gusta mucho, doña Rosa, es muy interesante, pero no me ha dicho ningún versito todavía.

Explicatorio:

“medio silencio” — parálisis en la mitad del cuerpo.

 

—Aquí va el primero.

No quiero prenda con dueño

que me la quiten mañana

quiero prenda que me dure

hasta que me dé la gana.

“Por esta cuarteta”, le voy a decir el verso, es por “paecimiento”.

DIOS SE ENTREGO A PADECER

Verso “por padecimiento”,
“por la cruz del calvario”,
“encuartetado” y sin despedida.

 

Leia o livro na íntegra. Disponível na nossa Biblioteca Literária:

 

 

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