Al negro sol del silencio las palabras se doraban.
buen día diáfano
Todos los gestos de mi cuerpo y de mi voz para hacer de mí la ofrenda, el ramo que abandona el viento en el umbral.
Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.
«…¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?…»
Al negro sol del silencio las palabras se doraban.
Al negro sol del silencio las palabras se doraban.
Algo caía en el silencio. Mi última palabra fue yo pero me refería al alba luminosa.
Caer como un animal herido en el lugar que iba a ser de revelaciones.
Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.
Yo no sé del sol.
Yo sé la melodía del ángel
y el sermón caliente
del último viento.
Ante la lúgubre manía de vivir
esta recóndita humorada de vivir
te arrastra Alejandra no lo niegues.
Alejandra Pizarnik

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