En Gratitud

 



Se puede ser místico tanto en la pobreza como en la riqueza. Lo importante en todo caso es saber vivir en gratitud en el nivel de nuestra escala, asumir nuestros compromisos responsablemente, apreciar todo lo que la vida nos ofrece y darnos nuestros espacios para celebrar. Vivir es un gran privilegio. Es necesario descubrirlo y celebrarlo en grande. Cuando ese privilegio se nos revela el sentido de apreciación es inevitable. No se puede apreciar el aire sino te detienes a sentir la brisa. Es la sed fuerte la que devela la virtud del agua. La calidad de tu observación determina la perspectiva de vida, tu actitud y entusiasmo. Celebrar no es una virtud a flor de piel en todo el mundo; es necesario desarrollar cierta sensibilidad, cierto grado de conexión con la vida para experimentarlo. Es de esa interconexión que surge el sentimiento de plenitud y gratitud. Apreciar algo tan simple como una flor en el camino, que ha nacido en un ambiente de malezas, puede ser el gran evento del día, pero el hombre de hoy no ve esas cosas, vive muy en su mente, en sus cosas importantes. Puede que alguien te ofreció hoy una sonrisa, la más sincera y honesta sonrisa, o tus ojos se cruzaron con otros ojos y en ese encuentro se manifestó el reconocimiento genuino de dos universos, pero no lo viste, tu mente estaba en otra parte. La vida te está sucediendo, pero tú no estás ahí. Hay gratitud en nuestras acciones positivas, las que reflejan un sentido de compasión y solidaridad con los demás, sin importar que sean desconocidos. En Pachamama encontramos la clave; nadie como ella para mostrarnos el camino. Todo en la Madre Tierra es una celebración, un rito de gracia, inspiración y entusiasmo. Desde la flor que nace en el lodo hasta los lirios de los campos, existe un ritmo, una cadencia, un sentir de paz y contento por el privilegio de ser.

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